martes, 19 de mayo de 2015
Un plan para el verano
sábado, 21 de marzo de 2015
21 de marzo -Día de la Poesía
miércoles, 25 de febrero de 2015
El universo se mide en centímetros
martes, 17 de junio de 2014
El príncipe navegante
sábado, 7 de junio de 2014
Renacer
Katerina yacía extendida en la arena. Un par de horas antes había pensaba que era su fin. Poco recordaba del desastre de la noche anterior, del barco no había podido rescatar más que su propia vida.
Después de recuperar las fuerzas se incorporó. El paisaje era una hermosa postal desierta. Perder la calma ante la soledad no era buena idea, se sentó en la arena y dejó caer la cabeza sobre su pecho. Cuando alzó la vista su asombro fue incomparable. Vio un ave, la más hermosa que pudiera existir, sobre una roca. Púrpura, rojo, oro ... componían un arco iris entre sus plumas. La hermosura misma se erguía frente a la tristeza.
El ave la miró, desplegó sus alas y remontó vuelo. Un extraño alivio invadió a Katerina.
El ave descendió sobre las rocas y allí permaneció hasta el atardecer, como si no quisiera abandonarla. Con la luz del ocaso los colores se intensificaron, brillaban, parecía una llamarada en las rocas.
-¡Allí!!! ¡Allí hay alguien!!!- escuchó Katerina y unos hombres se le acercaron.
- ¿Quiénes son ustedes?
- No se asuste, no la vamos a dañar. Vimos el fuego desde nuestra embarcación.
- ¿Fuego?
- Si, el que hizo sobre la roca… si no la hubiéramos visto, señorita…¡mal la hubiese pasado en esta isla desierta!”
Katerina miraba sin entender. Vacilante, se acercó a las piedras; encontró cenizas y entre ellas un pequeño huevo que comenzaba a romperse. Los hombres la llamaban, ansiosos de volver al barco antes de que oscureciera. Fue hacia el bote, agradecida, supo que ella también había vuelto a nacer.
(Texto que está en mi otro blog, pero debe ser parte de Escritos Collage)
martes, 27 de mayo de 2014
La partida de ajedrez
miércoles, 14 de mayo de 2014
La alcoba del tercer piso
lunes, 13 de enero de 2014
Diario de la Bella Durmiente cuando despertó
Primer día después que me desperté
Querido diario:
Después de un siglo de dormir, el príncipe azul rompió el hechizo y el reino completo despertó.
Siendo este mi diario, la primera hoja después de cien años, tendría que escribir hojas enteras sobre el beso, pero la verdad nada que destacar, no fue “el beso”, he tenido mejores. Otra cosa, hubiese preferido elegir a quién me daba el beso, pero bueno, no me quedaba otra. Ahora que me desperté, sí, puedo ver a quién besar, y quién me quiere besar, porque a pesar de ser la princesa del reino, hay algunos que están tan agrandados que se hacen rogar para darte un beso. Las cosas ya no son como antes y encima que te llevas cada chasco, después de tanto histeriqueo el beso es un besito que no te mueve ni un pelo.
Menos mal que el príncipe partió a sus tierras para avisar que logró su misión de encontrarnos. De salvarnos, como dijo con un gesto de triunfo. Menos mal que se fue con su alardeo de héroe, alimentándose el ego, no sea que yo a él si le haya gustado y quiera ser mi novio o algo. Después de 100 años de estar dormidita por esa yegua egoísta que me lanzó el hechizo por el descuido de mis viejos de tener secretarios tan ineptos que se habían olvidado de invitarla. Igual, acá en estas líneas voy a escribir, todo, me tengo que hacer cargo de mi parte: me lo habían dicho y yo insistí con mis caprichitos reales adolescente de hacerme la rebelde. Así que por ser tan boluda de tener ese ataque de andar haciendo manualidades y pincharme el dedo terminé cumpliendo con la parte que me tocaba, y ya la cumplí; dormí 100 años. Ahora eso no significa que me enganche con el primero que se me cruce, quiero conocer el nuevo mundo. Espero que me haya entendido, que le haya quedado bien claro que esto era parte de la historia, parece un buen pibe pero mejor cada uno por su lado. Se lo dije a él y a su amigo, para que se lo recuerde y le aclaré que no es nada personal. “Serás lo que debas ser o no serás nada”. Creó que lo entendió, se lo expliqué bien, me refiero a claramente y de buenas maneras, parece inteligente, pero que sé yo, estoy medio fuera de foco, tantos añitos a la sombra, ya las cosas no son igual, hay muchos cambios ya me estuve aggiornando.
Mi padre ya emitió la orden real: de cortar las enredaderas, arreglar las casas y todo lo demás. Cada rincón del reino volverá a ser como era. Ya le dije que tenga cuidado con las órdenes que da, porque las cosas no son como antes y los sindicatos están más fuertes y vamos a terminar con quilombos. Ojalá me haya prestado atención, lo que se hereda… y mis caprichitos son 50% mamá: joyas, ropa, zapatos, perfumes, y 5o % papá: órdenes, caras impresentables, antisocial y todo lo que contradiga lo que digo.
En realidad, tengo que seguir hablando mucho con papá, tenemos que averiguar bien como son las cosas hoy y hacer todo lo que sea necesario para que el reino esté ubicado en la realidad actual, lo antes posible. En el mundo de hoy cocodrilo que duerme es cartera, menos mal que soy humana y me protegió la magia, sino sería una hermosa estatua de museo. Además tendríamos que ver un poco el tema de las cuentas, menos mal que siempre guardó oro, porque los billetes no sé si seguirán sirviendo, más de un reino ya había cambiado su moneda antes de que nos durmieran.
Estuve pensando bastante en el tema este de la maldición y creo que deberíamos hacer una investigación exhaustiva sobre nuestro hechizo, éramos un reino en expansión, con grandes proyectos y con este asuntito del enojo, el pinchazo y mi sueño nos mandaron al freezer por 100 años, a mí me huele a que nos acostaron literalmente.
Volviendo al tema de la plata, hay que averiguar ya, tengo que comprarme ropa, zapatos, maquillaje todo lo que una mujer necesita. Mamá quiere hacer una fiesta para celebrar, mucho la idea no me gustó, pero ahora que lo estoy pensando estaría bueno. Nunca me gustaron las reuniones, sonrisa por acá, saludo por allá, que el protocolo, que fulano venga porque conviene, todo eso me fastidió siempre. Pero…, ahora las cosas las veo diferentes, parece que dormir, me despertó: en la fiesta puedo conocer gente de otros reinos, de los que yo conocía no debe quedar ninguno, probablemente los nietos de Cenicienta y los de Blancanieves puedan venir, quizás alguno me guste. Hay que invitar a todos, hay nuevos reinos y también a los guardaespaldas, asesores , todos, uno nunca sabe dónde está su “príncipe”, si entre comillas, no quiero un “príncipe” quiero un hombre que me guste, tampoco quiero engancharme ya con uno.
Voy a juntarme con las otras chicas del reino, espero que no estén tan dormidas como cuando nos hechizaron, y con se hayan despabilado un poco, porque en realidad no había ninguna que fuera una luz, por eso yo era tan solitaria. Tengo que ponerme al día con ellas, no es cuestión de amistades, ellas no eran mis amigas, hay que ver como viene la competencia por acá.
Por lo pronto me cambio esta ropa, nunca me gustó mucho el estilo que había que usar, ya era un bajón cuando me pinché, hoy ni ahí que se usa.
Dejo de escribir porque ya están llegando la manicura, el estilista y el masajista real, a hacer chapa y pintura antes de dar la cara, soy la princesa, también logre contactar a una asesora de imagen para ver mi nuevo estilo, cuando salga del palacio creo que no duermo por una semana.
lunes, 4 de noviembre de 2013
La misión
La nave madre viajaba desde hacía varias generaciones. Una nueva graduación. Después de la ceremonia recibirían sus misiones: colonizar o investigar en diferentes rincones del Universo. Ana y Evan habían sido designados a la Tierra. Permanecieron inmóviles, disimulando el desagrado. Miles de destinos posibles y ellos visitando el hogar del hombre primitivo. Indagar sobre lo sabido, una pérdida de tiempo. Al año siguiente, nuevas asignaciones. Se decidió no perder más tripulantes. A la Tierra partirían tres robots, ellos no hallarían interés en lo cotidiano.
jueves, 11 de julio de 2013
Diario de una lapicera
Es cierto que soy prescindible, como casi todo en este mundo, pero mi existencia de elemento obsoleto e inútil cobra importancia cuando me convierto en voz, en necesidad de expresión.
Cada avanzar de sus escritos, otorga un sentido a mi ser, dejo de solo estar.
Me desangro mientras él da vida a sus personajes, muero un poco con cada construcción de escena. Sus páginas crecen y me consumo en su impulso creativo...
Sé que soy su predilecta, hoy, ahora, pero tengo fecha de caducidad y no soy la única que baila gracias a su talento. Los momentos de inspiración, de notas al pasar, no siempre lo sorprenden conmigo. No compito, no siento celos. Ellas y yo compartimos la misma misión.
Sin mí sus palabras serían las miguitas de Hansel. Gota a gota armo el camino, el primer paso de la historia, y regreso y vuelvo a andar el mismo paso varias veces.
Moriré. Mis marcas se reflejarán en ojos que nunca me verán y se repetirán en voces que ni siquiera entenderé.
Soy prescindible pero mi trazo es camino. Páginas se inmortalizan con mi agonía, consagrarán el manuscrito o quizás mi perecer sea solo un cúmulo de páginas con palabras que no se llevará el viento.
lunes, 3 de diciembre de 2012
El titiritero
El titiritero se estiró, hizo sonar su dedos y tranquilo contempló el retablo, todo el poder estaba en sus manos.
Las marionetas seguían moviéndose, se mantenían en la ilusión de que se movían por sí mismas. Sus hilos invisibles le daban la razón. Algunos jugaban, seguían con sus trabajos; unos eran felices, otros, no. Todos disfrutaban de la paradoja de la ficción, el guión de sus vidas. Él, los dejaba pasear, creer, ganar y perder. Había jefes y dependientes. Creadores y copistas. Cazadores y víctimas. Vivían en un mundo creado, pero no por ellos, y no lo sabían.
Comenzó a preparar la nueva función cuando sintió hambre, miró todo el escenario y entre bambalinas, decidió quienes serían su aperitivo.
Algunos títeres desaparecieron de la faz de la Tierra.
martes, 23 de octubre de 2012
Escribir
Nubes flotan y estorban
El fantasma presente
Ante la hoja en blanco
de inspiración, ausente
Las palabras emergen:
lluvia de personajes
ellos, ya , listos están
para emprender el viaje
Las ideas despiertan,
una historia debe nacer
amanece en el bosque
saben que deben hacer.
Solo sigue sus huellas
relato y fantasía.
Resplandece la magia
Páginas de utopía.
Se dibuja el sendero,
enredado en su esencia.
Contando sus palabras
olvidando la ausencia.
Las frases se desangran
el escriba cumplió.
Capítulo a capítulo
la historia terminó.
Oraciones unidas,
enorme desafío,
palabras que rebotan
con eco de poesía.
lunes, 24 de septiembre de 2012
Diario de un cuaderno
Soy testimonio vivo de mi dueño. Bitácora de proyectos. Mis hojas son el plan. Historias de seres que no existen o quizás sí, viven en mí.
Herramienta, acompañante, instrumento, soy cada uno y todo a la vez.
Mi destino asiste a otros. Sostiene momentos memorables y crisis que prefiero creer como producto de la imaginación y no padecimientos reales.
No sé cuál es la verdad y qué es lo imaginado.
¿Importa? No.
Que yo custodie los manuscritos es el valor de mi existencia.
Notas
Historias
Investigación
¿Qué contengo? No lo sé, solo me importa que soy útil, el registro de un momento, de una frases, de un final que quizás nunca llegue. Haré perdurar sus palabras, ideas y su vida misma tal vez.
Testigo irremediable y fiel de amores plenos o fatales, locuras de pasión o de poder, grandes decepciones, desesperanzas y utopías.
No soy el creador, sí el mensajero, el perpetuador de escritos jóvenes y de letras maduras.
martes, 28 de agosto de 2012
Atemporal ( escrito con Julián Gradilone)
lunes, 23 de julio de 2012
Los condenados
A pesar del esfuerzo que hagan, todo ya es.
El destino decidió su suerte cuando echó las cartas de sus vidas en la Tierra.
No lo saben pero ya está sellada su fecha de vencimiento.
miércoles, 25 de abril de 2012
En sus zapatos
La tormenta las unió en el mismo rincón. Una llegó sigilosa y sin rastro como de costumbre, se sentía segura la cueva era su guarida. La otra fue dejando las huellas en el sendero, hundiendo los pies en la tierra mojada. La oscuridad no permitió que la huésped conociera a la anfitriona que miraba atenta y minuciosamente cada uno de los movimientos. Tranquila observó la fragilidad del cuerpo, la tensión de los músculos y admiró el ángulo de cada una de las articulaciones. Su enemiga por siglos la tentaba, la seducía. Su pensamiento la sorprendió, la invadió por completo. Deseó con la fuerza de cada una de sus células ser la otra. Sus antepasados se erguirían en sus nidos indignados. Pertenecer al género humano era denigrante y vil en su historia.
Un relámpago iluminó la caverna. Las miradas se cruzaron. El asombró paralizó a la recién llegada. Un segundo sin tiempo, sólo el deseo palpitó en ese instante. La mordedura fue certera. Sintieron como el frío les traspasaba el cuerpo, luego el calor la sofocó hasta el desmayo. El destino dibujó un nuevo camino.
Cuando despertó se sentía ahogada, se arrastró raspando cada centímetro de su debilitada piel. Estiró sus músculos y pudo hundir en la tierra sus dedos. El piso de su hogar masajeaba el torpe cuerpo. Se movió hacia un lado y el otro, acarició su rostro y hundió las manos en el barro de la entrada. Tomó los zapatos y gateó hasta afuera, esperó debajo de la lluvia que la tormenta cesara.
Una vez recuperada se puso de pie, miró cada sitio a su alrededor y siguió huellas, sintiendo la naturaleza en la piel.
Embarrada y desaliñada llegó hasta la casa. Se sentía embriagada y poderosa.
Comenzó una vida nueva. Recorrió el mundo con su andar sigiloso y sensual. Sus pasos eran únicos. El eco de su taconeo subyugaba el oído masculino. Marcó un antes y un después de su existir en cada vida que conoció.
Una noche de tormenta volvió a la cueva. Una nueva anfitriona la esperaba. Se descalzó y se acercó hundiendo sus pies en el barro. Estaba tranquila, en casa. Un relámpago iluminó el lugar. La mirada de ambas destelló. La serpiente sintió un alivio.
Después del temporal encontraron un cuerpo frío con vida sin ayer y sin futuro.
domingo, 19 de febrero de 2012
Crucero
Preparé la valija, después del año que había vivido, estaba lista para salir, hay cosas que uno decide dejar atrás, y otras pasan y te dejan atrás. En una hora el taxi vendría a buscarme, en 12 horas estaría en el crucero. Este sería un fin de año distinto así que frase hecha, frase trillada: año nueva, vida nueva. Primer paso: 31 de diciembre de una manera diferente, en alta mar, treinta y pico de fiestas en tierra, está vez, no.
Todo preparado y en la espera de los últimos minutos en casa decidí hacer una lista de lo que deseo para el año venidero, como si la vida se dividiera en cuotas de plazo fijo anuales. Hay veces que el capital queda intacto, otras los réditos se escasos pero hay y a veces nos quedamos sin fondos, la realidad tiene tiempos que a veces no son medibles, pero insistimos en cotizarlos con nomenclaturas universales. Ponerse metas está bien, pero en el momento que uno quiere, no tienen fecha de vencimiento ni deben renovarse con el calendario, así que con el apoyo de la decisión de aire nuevo y las ganas de ver un nuevo horizonte, comencé la lista, esta vez el crucero no estaría incluido.
Conocer una ciudad
Aprender a esquiar
Hacer una fiesta de disfraces
Escribir un policial
Y
Y
Y
Terminé la hoja. Minutos después decidí escribir en una nueva los momentos malos para tirarlos. Con lapicera en mano cambié de opinión, los dejaría lejos de mí después, desde la cubierta del barco. Empecé a anotarlos y los ahogaría en el mar.
Sonó el timbre, era el taxi. Colgué la lista en la heladera, sostenida por dos imanes con forma de mariposa. Los otros papeles los puse en la valija.
Partí como estaba planeado. Atracamos dos veces antes de la tarde del 31. Al volver a casa, debería cambiar de la lista, “conocer una ciudad nueva” por “conocer otro país”.
La última tarde del año, me paré y leí con mucha atención lo que quería erradicar, los rompí y los lancé. Dieron una vueltas por el aire, algunos flotaron un poco y otros se hundieron con facilidad. En un rato, que no supe cuánto fue, las olas se unían y separaban en ese ir y venir envolvente, parecía que nunca habían pasado por ella mis anotaciones. Los golpes contra la embarcación repicaban en salpicaduras imperceptibles que no se oían en esa inmensidad azul.
A las doce brindamos. Fuegos artificiales. Un año nuevo, comenzado en altamar. Fiesta de gala, mucha gente y a la vez yo, solo yo junto a mí. Risas, danza en ese movimiento envolvente de ir y venir, incesante del barco, del mar.
La mañana del primer día del año. El barco se convirtió en una escena del crimen. En la cubierta del barco, el cuerpo de uno de los tripulantes. No podíamos bajar, éramos todos sospechosos del crimen de un desconocido. En la espera, en donde algunos se angustiaron, otros se asustaron y hubo quienes se desesperaron, yo empecé a escribir una crónica de los hechos, describí actitudes dignas de una escena de cine y mi versión de los acontecimientos, mi visión de todos los anónimos que me rodeaban y eran parte del capítulo que me tocaba vivir.
miércoles, 25 de enero de 2012
Las armas las carga el diablo
Con mucho esfuerzo lograron correr el mueble de la sala. Con el último empujón se abrió la puerta inferior y se deslizó la escopeta del padre.
- ¡Ni se les ocurra tocarla!- gritó la madre extenuada asustando los niños.
- Es la escopeta de papá- dijo Lucio y se acercó a levantarla.
- No la toques- sentenció la voz materna.
Los pequeños se miraron y no dijeron palabra. Desde que recordaban la escopeta estaba en la casa. Siempre había sido motivo de discusión. Vivían en el medio del monte, el padre aseguraba que los alrededores estaban minados de peligros. Habían oído cientos de veces de boca de su madre: el dicho “A las armas las carga el diablo”.
Al atardecer llegó el padre. Lucio y Diana escucharon las mismos discusiones que podían repetir de memoria. El aullido de un lobo en la lejanía de la noche cerró la conversación. La escopeta volvió a su lugar. La madre se santiguó y en una silenciosa oración pidió perdón por su decisión.
La pólvora y la seguridad convivían en una extraña tranquilidad. Ya había pasado el otoño, las peleas y las protestas de la mujer se habían ido con las hojas de los árboles.
El domingo por la mañana, padre e hijo partían hacia un día de pesca. La insistencia de Diana tuvo sus frutos, había prometido portarse bien y logró unirse al dúo. Las tres figuras se perdieron por el sendero.
Los rayos de la tarde iluminaban la mesa donde la madre amasaba. El balido del rebaño era ensordecer. La mano enharinada corrió la cortina. Imperturbable, altivo, el lobo miraba una a una las ovejas. El manto de lana se amotinaba contra la muerte en el fondo del corral, el gemido de los corderos imploraba piedad. El rojizo pelaje crecía con cada paso, el cazador elegía su presa.
Despacio sacó del mueble la escopeta, salió de la casa. El lamento de los animales ocultó sus pasos. Decidida, apuntó y disparó. Fueron segundos que parecieron una eternidad.
El depredador sintió su presencia Un insípido CLIC selló el destino de la precavida mujer que se desesperó, y solo pudo maldecirse por haber descargado el arma.
domingo, 4 de diciembre de 2011
Explosiones
No quería dormir, tenía miedo a no despertarme. La explosión me había dejado en estado de alerta, las sirenas ya no me alarmaban, eran moneda corriente. Esta vez había sido muy cerca.
Aislada en mi mente, pensé: todo era así o manipulaban nuestro miedo, como cada día en estos tiempos.
Mi libertad, mis pensamientos: ensimismados en esa intimidad de mi cotidiano mundo, me importaba poco todo.
Ruidos más, ruidos menos, más allá en el mundo creado, dominado. Y yo, con movimientos lentos y pausados, con el descanso de la mente en blanco y palabrerío automático.
El dolor de cabeza me desconcentró, los sonidos estridentes y las detonaciones no lo provocaban. Era el asco, las náuseas, el olor, olor a muerte. Las explosiones se sucedían, parecían lejanas, cerca del río, podía ver los destellos desde mi rincón. El efecto dominó no tardaría mucho en arrasar todo.
Morir no quedaría en manos ajenas y si lograba sobrevivir tampoco, me convertiría en un espécimen de investigación. La radiación ya había comenzado con el primer escape, ahora solo era exterminio.
Dueña del último instante pude sentir la fuerza como un empujón fuera de mí. Dieciséis pisos no son mucho, pero fue libre la caída. Luego, sería parte de la hoguera.
Más tarde las cenizas volarán aventuradas por el capricho del viento.
domingo, 2 de octubre de 2011
Un elegido para el páramo
Las estrellas ya los habían designado, había que esperar sus llegadas.
El cóndor divisó el huevo diferente, marcado; para los habitantes del valle una cacería más. Ese nido no era cuidado por nadie.
El sabio más viejo esperaba, era el tiempo anunciado para una nueva página de la historia.
El huevo se sacudió, el quiebre fue rápido. Pareció que se desperezaba. Un cerdo, o lo que parecía ser uno, se paró; con sus ojos de gato miró curioso al viejo. Se dio cuenta que no era una amenaza y desplegó las alas, sobrevoló el hogar de los únicos. Una parte de él disfrutó el privilegio, recorría el cielo que los animales malditos de dios no podían ver. Divisó cada uno de los límites del terreno, vio a los otros. Tenía mucho que aprender, descendió. Se acercó al sabio y ronroneó reclamando comida.
El anciano y el puerco alado partieron hacia la cueva.
El cóndor suspiró y retornó a su nido donde lo esperaría la esfinge con el nuevo desafío; esta vez lo había encontrado. Sus garras volvieron a ser manos para escribir la crónica.






